Iron Maiden: 20º aniversario de “Brave New World”, el disco que salvó al grupo de la decadencia final

En enero de 1999, el líder de Cradle Of Filth, Dani Filth, hizo algunas predicciones en la revista Kerrang! para el año que acababa de empezar, y una de ellas fue que Bruce Dickinson volvería a Iron Maiden en un lustro… y volvió en cinco semanas. El regreso del cantante y de su compañero Adrian Smith al grupo inyectó una fuerza, una energía, una ilusión y una potencia increíbles a una banda que atravesaba un momento de incertidumbre y de crisis que pudo suponer el final de su trayectoria. Merced a este excelente álbum, ‘Brave New World’, la doncella volvió a triunfar y a reinar. Hoy, 29 de mayo, se cumplen 20 años de la edición de aquel impresionante álbum y Mariano Muniesa ha querido recordar junto a todos vosotros y vosotras la historia de ese gran clásico de clásicos.

Entre 1993 y 1996, como bien apunta en su conocido libro “Iron Maiden, El viaje de la doncella” nuestro compañero César Fuentes Rodríguez, por un tiempo pareció que Bruce Dickinson iba a sufrir el llamado “síndrome de Eddie”, es decir, esa suerte de maldición que hace que todo ex miembro de Iron Maiden no consiga jamás volver a tener un éxito relevante fuera de la doncella. Paul Di’Anno, Dennis Stratton, Clive Burr, Adrian Smith, todos ellos habían intentado poner en marcha diferentes aventuras con nuevos grupos, no logrando ninguno de ellos apenas repercusión. Bruce Dickinson, si bien es cierto que en 1994 con su segundo disco en solitario, ‘Balls To Picasso’ sí logró mantenerse en unos niveles de ventas aceptables, cuando en 1996 optó por alejarse del heavy metal e intentar orientar su carrera hacia el rock alternativo y el grunge con el álbum ‘Skunkworks’, el síndrome de Eddie cayó como una losa sobre él. El disco resultó un fracaso sin paliativos y su credibilidad quedó muy mermada en todo el rock business.

Viendo claro que su única posibilidad de recuperar el terreno perdido era volver al heavy metal, de la mano del mismo manager de Iron Maiden, Rod Smallwood, se unió con otro ex – Maiden, Adrian Smith, y tras sacar en 1997 ‘Accident Of Birth’, un magnífico disco en el que los efluvios de la doncella se hacían muy penetrantes, en septiembre de 1998, cuatro meses después de que Maiden editase ‘Virtual XI’, su siguiente trabajo, ‘The Chemical Wedding’, le colocó en su momento de máxima popularidad desde que abandonase Iron Maiden. Además de lograr unas sustanciosas ventas, muy superiores incluso a las de ‘Accident of Birth’, en directo todas las críticas señalaban que la banda estaba en un estado de forma espectacular.

Por el contrario, en Iron Maiden la situación era totalmente diferente. Su álbum de 1998 ‘Virtual XI’ a pesar de que tenía dos canciones excelentes como “The Angel & The Gambler” y sobre todo “The Clansman”, que de hecho el grupo conserva en su repertorio, el resto del material era de un nivel muy inferior al exigible a Iron Maiden. Pero lo más preocupante es que las giras tampoco estaban funcionando. No solamente por que hacían aforos más pequeños de lo habitual, sino porque Blaze Bailey, que tampoco hizo un gran papel en el tour de ‘The X-Factor’, en el último tramo de la gira estuvo a un nivel bajísimo, dejándose ver la frialdad entre el cantante y el resto de la banda, dado que según se supo después, las relaciones personales entre ellos se habían deteriorado seriamente en los últimos meses. A finales de 1998, probablemente no evitados por el entorno de la banda, empezaron a surgir rumores acerca de la marcha de Blaze Bailey del grupo. Nadie habló de Bruce Dickinson en ese momento, pero las horas de Blaze en la doncella nadie dudaba que estaban contadas.

Fue Rod Smallwood quien propuso a Steve Harris preguntar a Bruce Dickinson si estaría dispuesto a volver a Iron Maiden, haciendo en cierto modo de intermediario entre las dos partes. Con el OK de Harris –quien al principio no mostró mucho entusiasmo con la idea y al que Smallwood tuvo que insistir- y del resto de la banda, el manager le planteó claramente al cantante la cuestión, y según declaró en diversas entrevistas celebradas tras hacerse pública la noticia del regreso, apenas le llevó 5 minutos pensárselo y decirle que estaba dispuesto a volver.

Sin embargo, Bruce Dickinson en su conocida autobiografía “What Does This Button Do?”, confesaba: Obviamente, Dickinson era consciente de que volver a Iron Maiden significaba renunciar a su carrera en solitario, a muchos de sus proyectos de negocios y volver a estar en cierta manera, en pugna creativa con Steve Harris. Paradójicamente, se decidió a dar el paso cuando expuso la cuestión a sus músicos, y estos, a pesar de que iban a quedarse teóricamente en paro, le dijeron: “Bruce, tienes que hacerlo. El mundo necesita a Iron Maiden”.

"Las cosas no eran tan divertidas en Maidenworld como en mi carrera en solitario. Sabía que para la banda había sido difícil adaptarse a una audiencia cada vez menor, particularmente en los Estados Unidos. No había muchas opciones disponibles para Maiden en ese momento, y una de ellas podía ser que yo volviese. No fue fácil, tuve que pensarlo mucho”.

A finales de enero de 1999, la revista Heavy Rock en su edición número 186 alcanzaba uno de sus hitos periodísticos al revelar en exclusiva mundial el regreso de Bruce y Adrian. Fue gracias a un chivatazo de un músico amigo de la casa que a día de hoy prefiere seguir en el anonimato, quien coincidió casualmente con el road manager de la banda, que le hizo la confidencia. La vuelta de Bruce Dickinson junto con Adrian Smith a Iron Maiden se hizo pública en febrero de 1999, coincidiendo con la noticia de la edición de un video-juego, “Ed Hunter”, acompañado de un triple CD de lujo del mismo nombre a base de grandes clásicos del grupo. Y la banda volvió en aquel verano a la carretera, haciendo una extensa gira por Estados Unidos que tuvo su continuación en Europa en el otoño, volviendo a grandes recintos y dando un salto de gigante en cuanto a expectación, poder de convocatoria y popularidad masiva.

El regreso de la formación “clásica” de la doncella en este nuevo formato con tres guitarras –Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers- se saldó en directo con un éxito espectacular. Ahora venía la pregunta del millón: ¿serían capaces de llevar a un nuevo disco esa misma brillantez que habían demostrado en los conciertos del ‘Ed Hunter Tour’?

La respuesta fue la edición de uno de los discos más sensacionales que haya grabado nunca Iron Maiden: ‘Brave New World’.

A pesar de que muchas canciones que integrarían posteriormente ‘Brave New World’ estaban escritas antes del “Ed Hunter Tour”, algunas de ellas eran todavía lo que se conoce como “songs in progress”, e incluso solo riffs de guitarra y bocetos por trabajar. El trabajo de composición y estructuración del material del álbum se empezó a trabajar en noviembre de 1999 y se entró en estudio a grabar en enero de 2000.

‘Brave New World’ no solamente trajo como novedad la vuelta de Bruce Dickinson y Adrian Smith, sino varios cambios en lo que venía siendo el modus operandi tradicional de Iron Maiden. Por primera vez desde 1990, el álbum no se grabó en los Barnyard Studios instalados en la casa de Steve Harris en Londres, sino que se hizo en los Guillaume Tell Studios de París durante 9 semanas recordaba Steve Harris- y el productor del disco sería Kevin Shirley, en cuya trayectoria como productor había nombres como los de Dream Theater, Silverchair, Journey o The Black Crowes. E incluso otro regreso muy íntimamente ligado a la historia de Iron Maiden tuvo como escenario el trabajo en torno a este disco: Derek Riggs, diez años después, volvió a diseñar la portada de un disco de Iron Maiden.

–“Después de haber hecho cuatro discos en el mismo estudio, pensamos que nos vendría bien un cambio de aires”,

La grabación del disco se desarrolló en un clima de gran compenetración, de trabajo colaborativo y en una atmósfera en la que no existieron en modo alguno tensiones o discusiones. Ello unido al buen entendimiento con Kevin Shirley y la implicación que el productor tuvo con todo el trabajo, favoreció que el resultado final fuera un álbum realmente extraordinario, que está unánimemente considerado una de las obras maestras de la carrera de Iron Maiden y que situó de nuevo al grupo entre los grandes de los grandes en el rock internacional.

La forma de grabar de Kevin Shirley también cambió la forma de trabajar en el estudio de la banda. En lugar de seguir la batería primero y luego agregar los otros instrumentos, Iron Maiden decidió grabar ‘Brave New World’ en vivo en el estudio. , dijo de ‘Brave New World’ Bruce Dickinson.

"Teníamos una gran sala para la batería que sonaba de maravilla, y grandes mamparas de vidrio entre las salas para que todos pudiéramos tener contacto visual entre nosotros mientras estábamos jugando. Ensayamos todas las canciones como si fuéramos a dar un concierto, y luego hicimos un concierto, básicamente, para cada canción, pero en el estudio. Creo que este es realmente el álbum de Maiden con el mejor sonido que hayamos hecho jamás. Todo mi respeto para ‘Piece of Mind’, que es mi disco favorito de la época anterior y que todavía suena muy bien, pero esto lo que hemos hecho en este álbum está en un nivel totalmente distinto y muy superior”

Musicalmente, era un álbum muy típico de Iron Maiden, con temas que contenían todos los elementos característicos del estilo del grupo, –líneas de bajo muy penetrantes, cambios de ritmo muy trabajados, Dickinson cantando en tonos altos con su peculiar personalidad, solos de guitarra intercalados con pasajes y transiciones instrumentales progresivas muy elaboradas- guiños muy evidentes a su pasado, pero al mismo tiempo, ofrecía un sonido nuevo, más contemporáneo, más envolvente, y sobre todo, el nivel medio de las composiciones era muy superior en todos los aspectos a las de los discos de la etapa Blaze Bailey. Ello explica el enorme éxito que alcanzó.

El típico tema de arranque de un disco de Iron Maiden: el nuevo “Aces High” o sí se prefiere, la versión siglo XXI de “Be Quick Or Be Dead”, que obviamente abrió los conciertos de la gira y cuya letra está basada en una de la mejores películas de terror filmadas en Inglaterra en los años 70, “El hombre de mimbre”, protagonizada por Christopher Lee.

Las envolventes y densas líneas de bajo de Harris y los dibujos de guitarra de Smith y Gers hacen de misteriosa introducción a un medio tiempo con guitarras muy recargadas muy típico de la doncella, con cambios de ritmo empujados genialmente desde la batería. Una canción muy trabajada, muy completa y de las mejores de ‘Brave New World’.

De nuevo, una intro siniestra e inquietante, muy parecida a la de “Fear Of The Dark”, nos lleva in crescendo a un tema fuerte, duro, que va ganando en velocidad pero con un estribillo muy pegadizo, que recuerdo que los fans coreaban a muerte en cada uno de los conciertos que pude ver del grupo en aquella gira.

Lo que funciona bien, mejor no tocarlo… Iron Maiden repiten el mismo esquema de composición de los dos temas anteriores, haciendo de toda la canción un in crescendo que culmina en forma de himno, con un aire épico muy especial y los clásicos cambios de ritmo que hacían de esta pieza otra muy atractiva a la hora de tocarla en directo.

Aquí nos encontramos con unos Iron Maiden que entran a hacer un tema de puro heavy metal, a toda potencia y con un ritmo trepidante, que evoluciona en la parte intermedia hacia un ritmo algo más lento, para ir moviéndose entre diferentes cambios de ritmo a una ambientación muy épica, con tintes casi de rock sinfónico. A destacar los sensacionales solos de guitarra de la parte intermedia de la canción.

Aunque no fue single ni ha quedado como uno de los clásicos de futuro de Iron Maiden, es de las mejores canciones de ‘Brave New World’. En su parte inicial es un tema de rock progresivo baladístico pero muy intenso, jugando con diferentes tonalidades de guitarra, que evoluciona sobre una base de ritmo pétrea, densa, voluminosa, a un medio tiempo más heavy metalero, con una melodía llena de garra, de feeling y una aceleración final que lo introduce en un cañonazo heavymetalero con unas guitarras que cortan como cuchillas.

Es quizá la canción del álbum que recuerda más a los Maiden más primigenios, una pieza que podría imaginar perfectamente en ‘The Number Of The Beas” o “Piece Of Mind”. Muy en primer plano la base de bajo y batería y un estribillo muy pegadizo y coreable.

Otro nuevo guiño de la doncella a su pasado, en esta ocasión con una canción cuya melodía, estribillo y riffs de guitarra tienen el mismo aire oriental y exótico que caracterizaba a un álbum como ‘Powerslave’. Es otro tema extenso, en el cual hay una parte intermedia que es todo un excepcional ejercicio de auténtico rock progresivo.

Tema Iron Maiden 100%, además de los diversos cambios de ritmo dentro de la canción, su atractivo se basa en un estribillo muy característico de Iron Maiden, muy pegadizo igualmente y en el que están especialmente trabajados tanto los coros como la voz de Bruce Dickinson.

Iron Maiden no se enfadó por el chivatazo, de hecho Steve Harris y Janick Gers se vinieron a celebrar con nosotros el número 200 de la revista.

Se cerraba ‘Brave New World’ con otra extensa pieza cercana a los diez minutos de duración, la más progresiva, elaborada y compleja del disco, en la que además de lo experimental y avanzado de su estructuración, destacan especialmente las guitarras, especialmente en los solos, así como el desgarro por un lado, la sensibilidad por otro, con la que Bruce Dickinson interpreta esta canción.

A nivel ventas, ‘Brave New World’, después de muchos años en los que el mercado estadounidense le había resultado muy esquivo, entró de nuevo en posiciones altas, siendo de hecho el último álbum de Iron Maiden que ha entrado en el Top-20 de las listas oficiales de los USA. Llego al nº7 en Gran Bretaña y obtuvo buenísimas posiciones en Japón, Brasil, Alemania, Suecia y Canadá, entre los países donde obtuvo mejores resultados.

El disco fue presentado con una extensa gira mundial que les llevó a recorrer todo el planeta entre el 2 de junio de 2000 y el 19 de enero de 2001, con inmensos conciertos, como por ejemplo los celebrados en el mes de julio de 2000 en el estado español, su apoteósica actuación en el Festival Dynamo Open Air, ampliamente cubierta por quien suscribe estas líneas en su día para la revista Kerrang!, o el último concierto de aquella gira con su apoteósica actuación en el Rock In Rio de Brasil, en donde se grabó uno de sus grandes álbumes en vivo.

Pero por encima de todo, ‘Brave New World’ mostró a unos Iron Maiden viviendo un momento de inspiración quizá irrepetible, capaces de hacer extraordinarias canciones y que en cuestión de muy poco tiempo, se convirtieron de nuevo en una de las más grandes bandas de heavy metal de todos los tiempos, para ya no dejar de serlo nunca más.

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